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Escuelas Activas

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Fecha: 
Mayo, 2017

El autor es el profesor Óscar Mogollón, educador colombiano y creador del modelo de la Escuela Nueva, basada en un centro educativo con metodología activa, centrada en el desarrollo integral de los estudiantes. Comenzó su carrera como maestro y director de escuela en su nativa Colombia, en la región de Pamplona, donde desarrolló la metodología activa en más de 120 centros educativos con resultados positivos.  Posteriormente se implementó el modelo en otras regiones de Colombia, así como en países de la región, incluidos Nicaragua, Guatemala, Perú y Guinea Ecuatorial.

En nuestro país el proyecto fue denominado la Nueva Escuela Unitaria, que permitió capacitar a muchos docentes en una metodología centrada en los estudiantes, donde trabajan en grupos dialogando y descubriendo el mundo, a través de guías de trabajo.  El maestro se convierte en un facilitador del aprendizaje; ya no es el ser que dicta y formula las planas, ni el portador de toda la sabiduría existente.  Los alumnos son los protagonistas de su propio aprendizaje.  Aunque el proyecto se implementó hace dos décadas, su relevancia hace que reflexionemos en las 12 apuestas de Mogollón para mejorar la calidad educativa.

La Escuela Activa explica el aprendizaje de una manera diferente de la pedagogía tradicional, ya que identifica el aprendizaje significativo como acción. Se utilizan casos de la vida real para plantear problemas y hacer que el niño use lo práctico para entender lo abstracto. Esto se convierte en un aprendizaje natural que es aplicable al ambiente inmediato del niño o niña.

Para completar el proceso, todo lo que se aplica se comenta de vuelta en la escuela. Por ello, se le ha denominado escuela interactiva, donde los alumnos interactúan con sus compañeros de grado o de otros grados, con el maestro e incluso con los padres de familia.  Los maestros también interactúan con la comunidad educativa, por lo que se trabaja en un ambiente de colaboración muy enriquecedor.

Las doce apuestas son las siguientes:

La escuela tradicional puede transformarse en una Escuela Activa.

La formación docente es un proceso de reflexión, intercambio e interacción.

Los estudiantes van a la escuela a tener éxito no a fracasar.

El acompañamiento pedagógico mejora el desempeño docente.

Los padres deben participar para mejorar el aprendizaje de los estudiantes.

Los niños y niñas son artífices de su propia formación.

Las guías de auto-aprendizaje propician el desarrollo de competencias para la vida.

Se pueden superar muchas limitaciones haciendo visibles a los docentes rurales.

El currículo, los valores, la democracia y la tecnología impulsan la calidad y equidad educativa en la escuela.

 Enseñar y aprender a leer y escribir puede ser un proceso lúdico, natural y significativo.

 Para trascender la concepción tradicional de la educación se requiere transformar espacios, tiempos y recursos.

 Una nueva mirada a la escuela rural puede inspirar nuevas prácticas en la formación inicial.

Las apuestas planteadas por Mogollón siguen estando vigentes y nos deberían llevar a una seria reflexión sobre el avance de la metodología activa en los centros educativos, tanto públicos como privados. ¿Estamos logrando formar pensamiento crítico en los alumnos? ¿Es divertido aprender? ¿Cómo estamos capacitando a los docentes? ¿Son alumnos con competencias para la vida y el trabajo? Hay muchas inquietudes, pero regresar a los principios de la Escuela Activa nos ayudará a fortalecer la calidad educativa.

Fuente: Verónica Spross de Rivera, Sección Opinión, Siglo 21, 15/05/2013

 

 

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